domingo, 13 de mayo de 2012


¿Por qué Cervantes llamó Don Quijote a su hidalgo?


¿Qué significa el nombre de Don Quijote y por qué lo escogió Cervantes para el protagonista de su más famosa novela? Durante muchos años los académicos han discutido acerca de su origen sin llegar a una conclusión definitiva. Ahora, un nuevo estudio realizado por un investigador de la Universidad Central de Washington apunta nada menos que a Homero como origen del nombre del ingenioso hidalgo.

Entre 2003 y 2005, los investigadores Carroll B. Johnson y el español Alfredo Baras Escolá tuvieron una serie de intercambios de impresiones acerca de qué significaba la palabra "quijote". El análisis de Johnson refería al origen semítico de la palabra (una derivación de la voz árabe kisa, que significa capa o manta), mientras que Baras pensaba que el nombre del universal hidalgo había sido puesto por Cervantes apuntando a la pieza de la armadura que cubre el muslo. La definición dada por Covarrubias en 1611 refuerza esta última teoría: "Quixote: En el arnés las piezas que cubren los muslos, quasi cuxotes, de cuxa en italiano, que vale muslo (sic)".

Según afirma ahora Eric Mayer en el último número del Bulletin of the Cervantes Society of America, la segunda propuesta podría ser acertada. A esa conclusión ha llegado tras estudiar a fondo la Etiópica de Heliodoro, un libro muy leído en su traducción del Siglo de Oro y que ejerció una cierta influencia en Cervantes y otros contemporáneos suyos como Calderón o Lope de Vega.  En concreto, dice Mayer, la relación entre Don Quijote, Homero y la palabra muslo aparece en el tercer volumen de Etiópica, donde el narrador Calasiris cuenta que Homero tenía una pierna llena de vello como consecuencia de la relación incestuosa de su madre con el dios Mercurio y que después "andando por muchas tierras [...] cantando su poesía, ganó el nombre de Homero, porque sin decir él ni descubrir su propio nombre ni su patria ni su linaje, los que sabían aquella señal de su muslo se la dieron por propio nombre".

             quijote

La literatura nos hace evolucionar

¿Se pueden aplicar las teorías de Darwin sobre la evolución a la literatura? En el último número de la revista Evolutionary Psychology, los investigadores estadounidenses Jonathan Gottschall y Joseph Carroll aseguran que sí. Para demostrarlo, pidieron a 500 personas que rellenaran cuestionarios sobre famosas novelas victorianas como Orgullo y Prejuicio, de Jane Austen, Drácula, de Bram Stoker, o Cumbres Borrascosas, de Emily Brönte. El objetivo de los tests era evaluar a los protagonistas y los antagonistas de cada libro e identificar sus atributos.

Los resultados mostraron que los protagonistas de las novelas son normalmente sujetos con un comportamiento cooperativo, que despiertan respuestas emocionales positivas en quienes las leen. Por el contrario, la
dominancia social y el ansia de poder se identifican mayoritariamente como características negativas y censurables de los antagonistas, algo que tiene especial sentido según las ideas de Charles Darwin, quien sostenía que los humanos tendemos a rechazar a aquellos que intentan resolver las cosas solos en lugar de dejar actuar al grupo.

“Las novelas permiten a sus lectores sumergirse en una
dinámica social igualitaria similar a la de los grupos humanos prehistóricos de cazadores-recolectores”, concluyen Gottschall y Carroll, que se autodefinen como “darwinistas literarios”. Por lo tanto la buena literatura, aseguran, favorece comportamientos sociales que cumplen una función adaptativa y nos incita “a combatir impulsos básicos y trabajar de forma cooperativa”.
POEMA AL MAESTRO

Dedicado a todos los maestros


Viviendo entre otras vidas, olvida su propia vida,
destruyendo las tinieblas de la ignorancia gana su guerra,
su mayor paga son las respuestas de sus alumnos,
reír con ellos es su mayor goce.

Aunque triste esté, sonriente se le ve
la imagen más perfecta de comprensión y amor.
Su tiempo lo regaló y nunca lo discutió.
Unos lo quisieron, otros lo olvidaron
Más él siempre los quiso a todos.

Ahora, lento camina, el viento lo vence
y su voz ya no luce galante como cuando les leía.
Sentado esta, mirando el cielo, sus ojos se cierran,
su mano cae y deja libre una hoja de papel.
La ultima nota escrita, el viento la entona
y la impulsa sobre la corriente de un río.

Me llevo el gran triunfo de saber que ustedes,
mis hijos, mis alumnos queridos,
representan en cada gesto, en cada andar, en cada vibración
pedazos de mí espíritu
que ahora ya son hombres seguros,
con ideales firmes y honestos.

Si algunos se pierden en esta rueda que es la vida,
volveré en la frase de un amigo, en la mirada de un niño,
en el entrecejo de un padre, o la caricia de una madre,
y te haré recordar, cual es tú 'camino'.
Autor del poema: Henry Binerfa Castellanos
Los felices leen, los infelices ven la televisión

Las actividades que realizamos en nuestro tiempo libre pueden ser un indicador de nuestro nivel de felicidad o desdicha, según un nuevo estudio realizado por sociólogos de la Universidad de Maryland. Analizando datos recopilados a lo largo de los últimos 30 años, los investigadores han llegado a la conclusión de que las personas que no son felices pasan más tiempo viendo la televisión, mientras que las personas que se describen a sí mismas como felices dedican más tiempo a leer y a socializarse. Los detalles se publican en la revista Social Indicators Research.

Según el sociólogo John P. Robinson, coautor del trabajo y pionero en los estudios sobre el uso del tiempo,
ver la televisión es una actividad pasiva que suele actuar como vía de escape. “Los datos sugieren que el hábito de ver la televisión puede ofrecer un placer inmediato a expensas de sufrir malestar a largo plazo”, dice el investigador, que añade que es una actividad cómoda y barata que no requiere compañía ni esfuerzo. Por el contrario, leer libros, prensa o revistas y relacionarnos con los demás nos produce satisfacción a largo plazo.

En concreto, los datos revelan que
la gente infeliz consume un 20% más de televisión que la gente feliz, independientemente del nivel educativo, ingresos, edad y estado civil. Robinson advierte que estas cifras aumentarán significativamente si la economía sigue empeorando en los próximos meses.

sábado, 5 de mayo de 2012

NARRACIONES
·         Presentación, nudo y desenlace.
Hace ya veinte años, en un pueblecito de Granada vivía una niña llamada Clara.
Era una niña tímida y vergonzosa, nunca quería salir a jugar al parque con los niños  ni relacionarse con los demás. Siempre estaba metida en su pequeña habitación leyendo cuentos de aventuras pero, ¿por qué Clara era así?...
Clara disfrutaba muchísimo en el colegio, le gustaba leer, estudiar pero lo que más le gustaba era jugar en el patio con sus amigas, sin embargo nuca pudo hacerlo como a ella le hubiera gustado.
La pequeña tenía gafas, un parche en el ojo, pelo muy rizado pelirrojo y muchas pecas en la cara. Debía ser por este motivo que sus amigas siempre la rechazaban en el juego.
Clara nunca pudo hacer amigas debido a sus aspecto físico pero ella nunca perdió la esperanza.
En los estudios era muy buena alumna, sacaba matrículas y buenas notas. Fue avanzando en los cursos mientras alguna de sus compañeras que se reían de ella se iban quedando atrás  repitiendo cursos.
Cuando Clara terminó el colegio, empezó la carrera  de empresariales, como era de esperar en ella la sacó curso por año y empezó a trabajar en una gran multinacional.
Fue ascendiendo de puestos hasta ocupar un cargo muy importante. Ella hacía las entrevistas de trabajo y decidía quien se quedaba a trabajar en la empresa.
Una mañana, Clara se asomó a ver la cola de gente que esperaba para hacer la entrevista. Era enorme, daba la vuelta a la manzana del edificio.
Comenzaron las entrevistas y cuando ya había avanzado la cola más de la mitad… ¡Vaya sorpresa! Eran dos antiguas compañeras del colegio, si, aquellas niñas que se reían de ella.
Clara las entrevistó sin ningún tipo de rencor. ¡Nunca  puedes saber lo que te deparará la vida ni con quién se te vas a encontrar!

·       Diálogo y descripción.

Olivia y Marcos eran dos hermanos muy traviesos que vivían en un pueblo de Asturias. Un pueblecito pequeño y muy familiar.
Olivia era una niña muy alegre, divertida y emprendedora. Era delgaducha y alta, ojos verdes grandes y pelo moreno y algo alborotado. Vestía con colores muy divertidos y nunca combinaba su ropa, no era importante para ella. Nunca cambiaba de botas, siempre llevaba unas negras con cordones que ya estaban muy viejas, con la suela despegada del uso.
Marcos, su hermano, también era muy divertido y alegre. Físicamente eran completamente opuestos, era gordito, rubio y con ojos azules.  Combinaba muy bien su ropa, conjuntando colores y tejidos, era muy presumido, nada parecido a Olivia…
Lo que sí tenían en común era su travesura, sus ganas de investigar y de hacer trastadas allí por donde iban.
Era sábado y tocaba comida familiar en casa de la abuela. Se reunían más de treinta, pues todos vivían en el pueblo.
Tras la comida, Olivia y Marcos ya empezaron a tramar algo…
-Marcos, ¿Qué te parece si vamos al bosque a hacer una cabaña en el árbol como teníamos pensado?, dijo Olivia.
-Olivia, estamos de comida familiar, no podemos irnos ahora, respondió Marcos.
-Pero es el mejor momento Marcos, con tanta gente nadie se dará cuenta de que nos hemos ido, además solo será un momento, volvió a decir su hermana.
Tras esta conversación, se calzaron, se pusieron el abrigo y partieron para el bosque.
Tras una larga caminata para buscar el mejor árbol para hacer la cabaña, comenzó a llover. Pero eso no era lo peor, también empezó a anochecer y esa noche no había luna, tampoco habían cogido linternas.
Eran ya las diez de la noche y no habían encontrado el camino de regreso a casa, estaban empapados y decidieron meterse en una cueva de piedra para resguardarse de la lluvia y del frío. Los hermanos ya estaban asustados, sabían que en casa deberían estar muy  enfadados…
No querían ni pensar la regañina que les iba a caer al regresar a casa.
Eran ya las doce y los niños no podían salir de la cueva, comenzaron a llorar de desesperación hasta que a lo lejos vieron una pequeña luz de linterna. ¡Era la policía del pueblo!
-La que hemos liado, dijo Marcos a su hermana.
Los policías les recogieron y los llevaron a casa.
 Después de una gran bronca, Marcos y Olivia prometieron a sus padres no volver a salir al bosque sin antes avisar.

·         Presentación

Relámpagos, truenos y mucha lluvia. Agustina había ido al cementerio a poner unas flores a la tumba de su padre. Era el día de todos los santos.
Sonó el timbre de cierre del cementerio y la joven quedó dentro del recinto…

lunes, 16 de abril de 2012

DESCRIPCIONES

DESCRIPCIONES
1. UN LUGAR.
Otro año más, otro verano en este precioso lugar.
Es un paisaje mágico que te envuelve y te enamora cuando llegas a él. Sus playas y sus islas hacen que te aísles del mundo y de los problemas que puedas tener.
Edificios elegantes en completa armonía con las calles y su gente.
Paisajes verdes, frondosos y montes con preciosas vistas al mar, playas y a toda la ciudad.
Su clima, constantemente lluvioso, hace que los pastos se conserven verdes, paisaje que junto a los típicos caseríos la hacen una ciudad idílica. Así es San Sebastián.
2. DESCRIPCIÓN DE UN COMPAÑERO.
Es una chica de complexión delgada y de estatura más bien alta.
Su pelo es marrón, al natural ondulado aunque suele llevarlo liso.
Luce un corte de pelo peculiar, muy corto, raya a un lado y flequillo más largo que el resto del pelo.
Ojos marrones y tez clara.
Muy buena compañera y amiga, con un buen corazón.
Su vestimenta suele ir acorde con su forma de ser, a veces con un toque original.
Considero que es una persona con mucha personalidad.
3. AUTORRETRATO.
Soy una chica de complexión delgada y de estatura baja.
Mi pelo es largo, ondulado y de color marrón oscuro. Ojos marrones y tez morena.
Me considero una persona entusiasta y bastante perfeccionista, no me conformo con cualquier cosa.
Soy alegre y optimista aunque quizás demasiado positiva, no me gusta ver el lado oscuro de las cosas que pasan a mi alrededor. Muy sensible y empática.
Me gustan los ambientes tranquilos, no me considero una persona juerguista ni fiestera.
Un fallo, soy muy persistente. No paro hasta que consigo lo que me propongo.

                                                                                 Carlota Montealegre Moro

Marcapáginas - Día del Libro